Sociedad

Vallas donde vayas

¿PAGAR PARA CRUZAR EL PUENTE DE TEMPERLEY?

 Muchas cosas, publicaciones, bardeadas, fotos, vi cuando apareció la noticia de que no se iba a poder cruzar por el puente grande de Temperley a menos que sea para tomar el tren; vi la cara de la tipa del molinete cuando me lo dijo ayer cuando le pregunté porque no se podía pasar, y sí a mí también me dió bronca, me pareció carente de sentido y muy rompebolas, pero me excluí de publicar algo por las redes sociales hasta ahora, cuando hace unos minutos vi un texto muy dulce que escribió un hombre que parece ser de Temperley. Fue lo mejor que leí hasta ahora, porque me dio razones para tampoco quedarme callada.

Yo soy de Temperley, desde que tengo memoria, desde antes de nacer. Soy de temperley, soy del lado de la plaza, y lo fui del otro lado. Soy todas sus calles, porque en casi cualquier esquina que rodea la estación me pasó y me pasan cosas forman parte de mí. Soy de Temperley porque crecí en sus calles y me enamoré de su gente. Siempre dije que el sur es increíblemente chico e increíblemente bello si sabés dónde pisar.

Piso todos los días, o casi todos…el puente grande de la estación, aunque no todos los días me tomé el tren (Soy más del 318, 165, 549, 278 o el 160 si estoy del otro lado). Lo piso porque de noche hay más gente y está más iluminado, porqué está el hombre que toca el bandoneón (por favor que nunca falte), que dicho sea de paso también vive en Temperley, cruzo ese puente porque todas las paradas de bondis están más cerca de sus salidas, cruzo ese puente porque es el puente que cruzaba de la mano con mi vieja para ir a hacer las compras “al otro lado”, lo cruzo porque desemboca directo en los cañones que es el gran punto de encuentro, lo cruzo porque siempre lo cruzo, a pesar de los canas giles pajeros que están la panchería, a mí me gusta ese puente. No hay rencor con el otro, de hecho no hay amanecer más lindo que el que ves desde el puente chico, pero es una cuestión de costumbre y de pertenencia. Porque corren tiempos en los que pareciera que no nos queda tanto, en que nos quieren limitar hasta el camino para volver a casa, nos quieren hacer pasar por “Formas de ser más ordenados”, pero siguen siendo giladas.

Ese puente es de Temperley, del laburante que se toma el tren, del laburante que va del otro lado, del laburante que vende en la mitad del mismo puente. Es del que quiera transitarlo, de lunes a viernes, en hora pico o el domingo en soledad, sin dar explicaciones de a dónde va y de dónde viene. Puede no ser tan relevante y puede ser algo fácil de omitir, pero las rejas al lado del molinete a mí me joden. Porque esas rejas al lado del molinete…esas rejas sí que no son de Temperley.

22 agosto, 2016