Feminismo

Tu indiferencia nos está violando

“El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”
Simone de Beauvoir

En lo que va de la semana, mataron a Lucía Pérez en Mar del Plata. Fue violada, fue torturada y fue empalada. No supe de su existencia hasta saber que había muerto, la conozco como se conoce a alguien que se ve en una foto. Pero no la puedo sentir ajena a mí, porque no lo es. Cuando supe que la habían empalado, lloré una hora. Empalar no es un término que hubiera sentido que perteneciera a la realidad. Como ella no es ajena a mí, empalar si lo es. Parece una palabra de ficción, que solo puede aparecer en alguna novela vieja que leí cuando era chica. Lucía tenía 16 años y no tengo idea cómo era. De lo que estoy segura, es que el cuerpo que tienen en la morgue de un hospital, ya no tiene nada que ver con Lucía. Repito, no me es ajena: porque la quiero viva.

En lo que va de la semana, una mujer asesinó a su hija por ser lesbiana. Le aplicó a su hija tres puñaladas en el cuello y otras tres en la espalda solo porque no estaba de acuerdo con su orientación sexual.

En lo que va de la semana, conocí a la “Vanguardia Nacionalista”, agrupación que llama a las mujeres del encuentro “aquelarre lesbo-marxista” y que se dedica a escrachar locales de movimientos feministas.

En lo que va de la semana, una amiga me contó lo que le pasó a su prima. Cómo un hombre por Internet le hizo creer que le iba a vender unos posters y cuando llegó al bar se la llevó. A la prima de mi amiga la drogaron y la secuestraron para prostituirse en un prostíbulo de La Boca. El padre de mi amiga tuvo que entrar y hacerse pasar por un cliente para poder salvarla.

En lo que va de la semana, con la excusa de unas paredes pintadas justificaron una represión con balazos de goma. Cuando volví del Encuentro me preguntaron por qué las mujeres estamos tan enojadas. No supe por dónde empezar.

La mujer maquillándose para que no se note que le pegó el marido.
La mujer que tuvo que hacerse un aborto clandestino.
La mujer que está siendo apoyada en el tren.
La nena violada por el cura.
Las asesinadas y metidas en bolsas de basura.
Las que “se lo merecían por putas”.

Todas estamos enojadas con tu indiferencia.

La mujer que recibió el balazo de goma está enojada de que estés defendiendo a la pared. Las paredes tienen mensajes violentos: es inevitable, porque vienen de mujeres enojadas. En esas paredes está toda la historia de nuestros cuerpos oprimidos, se visibiliza el enojo contenido en el tiempo.

Esta semana los medios hicieron preguntas: si tenía novio, si estudiaba, si era virgen, si salía de noche, si estaba sola, si usaba Facebook. Ante todas las preguntas y todas las posibles respuestas, justificación a la violación o el asesinato de la mujer. La gente respondió a las noticias, con repuestas como “y si la piba era una puta”, “los padres no la cuidaban”, “si se pone así de borracha qué querías” y estuvieron de acuerdo con la televisión.

En esta semana, mi amiga me contó que no se podía dormir porque tenía miedo, porque tenía bronca, porque no paraba de llorar. No podía creer la cantidad de noticias de asesinatos y violaciones que había leído. No podía parar de pensar en Lucía, la chica de Mar del Plata. El único consuelo que tuvo fue pensar que al menos muerta ya no estaba sintiendo más dolor.

Estoy segura de que no me enteré ni de la mitad de los casos violentos que sucedieron esta semana. La peor parte es que lo que pasó esta semana, pasó en la anterior y en la anterior. Va a pasar en la próxima.

¿Aun pueden pensar que hacemos escándalo sin sentido? ¿Vamos a ser las locas para siempre? Porque si ser locx feminista es luchar para que no haya otra semana así nunca más en la vida, no sé qué esperás para ser unx locx feminista más.

¿Te resulta tan extraño el reclamo? Porque es simple, queremos mujeres trabajando, estudiando, corriendo, bailando, haciendo cualquier cosa que quieran hacer.

Así, vivas.

Martina Cruz

Estudia Lic. en letras en la Universidad de Buenos Aires, se presenta en lecturas usualmente en zona sur, poeta y escritora.