Cultura

Temblar por última vez: Gabriel Balmaceda

El buen devoto, El ojo del mármol, 2017.

 

La belleza más linda a veces es la más frágil. La que se escapa entre los dedos. La que rápida y dulcemente tuerce cada músculo de la cara en una sonrisa. Los poemas de El buen devoto, de Gabriel Balmaceda, tienen la capacidad de romper ligera y sutilmente con las barreras que uno coloca frente a ciertos aspectos de la vida, por ejemplo, el amor. La consciencia del poder regenerativo del amor late en cada uno de sus versos. Nos anima a hacerle frente a lo que nos da miedo. El autor logra eso e incluso brinda un mensaje de aprendizaje, con una vitalidad particular que, al menos a mí, me incentivó a releer sus poemas en más de una ocasión.

A medida que avanzaba en la lectura me veía cada vez más imbuido en una sensación reconfortante. Hay un poema que habla perfectamente de los momentos en los que uno siente haber crecido o, por lo menos, haber descubierto algún tipo de verdad:

la ficha
no quiere caer
y se resiste
a dar el golpe
que la hará temblar
por última vez

las dos mil fichas
que cayeron antes
confirmaron
todas las verdades
del cielo

ahora
estoy esperando
que caiga la definitiva
para atar con alambre
los restos
de mi cuerpo

En ese momento me cayó la ficha. El buen devoto no miente, se equivoca y aprende a medida que escribe y vive. Dos instancias que parecieran ser muy similares para el autor: la sensualidad del encuentro amoroso es sólo superada por lo sensible del niño frente a su realidad, en cada uno de los poemas.

Forne

Editor General. Originario de Barrio La Perla, Temperley. Se interesa por las pequeñas grandes cosas como la poesía, las plantas, la justicia social.