Política

La grieta es la desinformación

 

El primer día de Mauricio

Hoy es veintitrés de noviembre del dos mil quince, en la vereda de la casa de mi madre hay:

Una pava con manija pasada de fuego, una ojota que, con el pie derecho, apoyo en el suelo y el vecino que está subiendo el auto a la vereda para que le dé la sombra del sauce que mis viejos plantaron allá por los ’90; conjunto con la mal sembrada idea de una familia tipo.

Me cebo un amargo, Ariel sale del auto y se me acerca comentando que en la otra cuadra la policía paró a unos pibes que estaban fumando, a lo que yo, perseguido, le respondo que posiblemente haya sido lo más interesante que les pasó en el día. A los cobanis. Se llevan dos o tres perejiles y ya tienen el día hecho.

Ariel saluda. Entra en su casa. Yo permanezco acá contorsionado en más de un aspecto. Hace un ratito hablaba con Martina, ella estaba preocupada por algo que oyó o le dijeron por ahí, acerca del stand by por sobre la causa que compete a los juicios por la memoria. Además de lo personal, también me mostró una nota que salió publicada hace unas horas acerca del nuevo plan que al parecer más de la mitad del pueblo argentino votó. En La Nación opinan que la memoria es sed de venganza y que el reconocimiento de la verdad como de las falencias de un Estado represor, es agresivo y soberbio, además de que busca manipular con los medios, generando pánico y perturbando el orden. Otra cosa que me pareció más particular aún es que en cierto párrafo del texto, el “periodista” -uso comillas porque el periodista siempre debería inclinarse a cumplir su deber ético y moral por sobre cualquier otra guita, ejem, cosa – osa comparar a quienes se resistieron a la dictadura con los hacedores del miedo, o sea, no como consecuencia de una toma de poder a lo pavote, sino que esa toma de poder surgió para ajusticiar a esos pendejos subversivos.

Yo no puedo dejar de pensar en que hoy es el primer día después de haber sido electo Macri presidente y ya en los diarios están atinando a poner al país de rodillas y a quien se oponga, irónicamente, acusarlo de pertenecer a cierta dictadura.

¿Qué es este cambio que se viene al cual ni el primer periodista en fundar un diario independiente, en la Argentina, se pudo resistir? ¿Qué es esta yunta rara que opina acerca de todo desde su ombligo? Que opina que los transportes deberían subir al menos cinco veces, que el puto es un enfermo, que la mujer tiene que permanecer virgen hasta el matrimonio, que el que quiere educación que la pague, -y de paso le pagamos a Griesa- además de que sus consejeros o su juventud por así decirlo, tan amablemente y vía Twitter, nos dice que considera súper copada la idea de ahorrar la guita invertida en educación para pagarle a los pibes una buena escuela privada (cosa que a mí me rememora una frase que oí por ahí: “No es lo mismo un país que una empresa”). Y a mi parecer el gran problema del funcionamiento de muchísimos organismos públicos en la medida de lo innecesario, siempre teniendo en cuenta la necesidad de Argentina de levantarse con los recursos propios de un país que sufrió de invasiones prácticamente desde que pensaban que éramos indios allá por las épocas del casco y la historia reverberante lameculos de la corona española en torno a las enseñanzas propias de oportunistas que limpian países latinos desde el arrancarles su cultura hasta arrancarles todo lo demás. Una yunta que quiere fútbol para pocos, que se niega a urbanizar las villas, y que le indigna hasta lo más recóndito de su nosequé -porque realmente no sé qué pueden tener en el pecho- no haber cedido ante el dominio económico cultural y por bronca, yo me imagino que debe ser jodido que el crecimiento de un par de negritos se quiera entrometer en el avance de sus nefastos y sangrientos negocios.

Dos de mayo del dos mil dieciséis: Día del trabajador despedido

En Buenos Aires, “el hombre que busca empleo” ha venido a constituir un tipo sui generis. Puede decirse que este hombre tiene el empleo de “ser hombre que busca trabajo”.
Roberto Arlt

Voy en el bondi. No puedo esperar. Como sociedad somos una consecuencia argumentada por instituciones, establecida por el qué dirán, la culpa de clase, la doble moral y la tendencia a buscar la aprobación de quienes nunca impulsaron una política popular.

La segmentación sociocultural busca un paralelismo con cierto ciudadano tipo; acá también residen los puntos de poder e inflexión donde el día a día se va llevando a cabo. Comprendiendo que esto es creado y llevado a cabo para el desastre controlado, entonces será un poco más rápida y amena la conclusión y con suerte la solución que es brindada a forma de placebo agradable y sosiego consumista. Como hombres, como mujeres, como trabajadores y como ciudadanos humanos que habitan el sistema estamos destinados a formar un patrón sin el cual nos sentiríamos incompletos, proseguirlo así con nuestros hijos para llenar los errores propios y repetir ese vacío constantemente generado y que evoca al egoísmo, al descontento y a la superioridad humana de cierto sector afortunado que dice haberse formado a partir del esfuerzo y de la perseverancia.

Más allá del día a día, la vida ocurre con normalidad. Te comento a vos, y mientras lo pienso incluso porque en realidad me encantaría que sientas que estamos teniendo una charla en tiempo real, porque yo la siento urgente y la siento pegada a mí todos los días desde que pongo un pie en el tren. La vida ocurre, sí, los trabajos ocurren, los despidos, las enfermedades y los desamores, la muerte misma ocurre. Entre tanto ocurren también: el amor, la música, la poesía, los abrazos y los consejos, los besos en la frente y las caminatas eternas buscando algo que nos fue arrebatado. Sentir propio lo que los demás sufren. Ninguna empresa podría solventarse con esto. Porque no podrían establecer su riqueza, no podrían generar ganancia ni podrían evitar que te dejes de abrazar porque tenés que estar a horario y en realidad no importa mucho si te vas después. Tenés que llegar a tiempo. Porque ahora más que nunca “es jodido tener un laburo, tenés que mantenerlo y hacer lo que te dicen”. No piensen que quiero bardearla, no vengo acá a proponer un levantamiento violento ni nada por el estilo. Porque las revoluciones se hacen con tiempo o se hacen con sangre. La historia nos enseña, nos golpea y nos ahoga. Nos mata y nos desaparece. La historia también habla con hipocresía de la tumba de los muertos durante un golpe militar. La historia, los que la escriben y los diarios que las difunden parecen que se olvidan de que no son muertos, sino desaparecidos.

Quiero que sepas, pibe, piba.

Me siento terrible por tener que caminar en la ignorancia que todos los días nos acercan en pancartas los defensores  de los ricos. Me siento terrible porque la conducción está formada por los mil y un DNU. Porque la cultura no tiene sentido siendo prosperada en una élite que aprecian quienes al parecer sí tienen derecho a poseer un hobbie adecuado para aquellos que supieron brindar lo suyo. El granito de arena para que no pase nada malo, para que luego, obvio, pueda llevar la comida a la casa. Pero pasa que todos tenemos que llevar la comida a la casa y entre tanto hay día, hay pies izquierdos, pies derechos, hay golpes duros y blandos y hay mentiras, pero, ¿vas a pasar los días levantándote y caminando sobre la nada yendo a la nada y profesando la nada misma que es la vida cuando parece carecer de significado?

¿Vas a vivir adyacente al Imperialismo Psicológico? ¿Por qué te molesta que el negro pueda comer igual que vos? ¿Nunca un negro te ayudó y te convidó un pedacito de su vida? O más bien… ¿De verdad me decís que nunca te diste cuenta que la parte de la vida que algunos no tienen, la tienen otros? Qué digo, la parte de la vida no. La parte de lo que te permite vivir en un sistema planteado con privilegios para pocos. Comprendiendo la exclusividad entonces entendemos que no podemos participar de lo privado todos, no podemos vivir con un único discurso; además de que proporcionar una única razón parece atentar contra ciertos intereses.

Cuando yo era chico escuchaba a mis viejos pelear por una sola cosa. Está bien, yo no crecí en una familia tipo ni soy lo más objetivo que puedo ser puesto que describo lo vivido. Pero poniendo un ejemplo:

Mi viejo llega a mi casa. Se enoja porque no hay servilletas de papel. Mi vieja no compró porque “no hay plata para esas cosas”.

Un par de años después se empezó a comprar rollos de servilletas de una marca nacional puesto que aún seguíamos en un estado de recomposición económica como en cualquier hogar. Compartíamos las servilletas. Me parecía un acto de generosidad hermosa que luego trasladé a mi vida y me trajo resultados que me hicieron notar que una servilleta es una servilleta y que una persona es una persona. ¿Me explico?

Luego finalmente ocurrió que había servilletas. Pero en la tele decían que no. Y que los productos de producción nacional no eran lo suficiente y que no lo valían ni eran propios del esfuerzo de trabajadores decentes, mas sí de ñoquis. No sólo comprábamos servilletas sino también tapas para tarta, empanadas, cuerdas para la guitarra de mi hermano, mi primer bombo de batería y demás. Pudimos hacer música. Pudimos limpiarnos la boca. Pudimos decir lo que teníamos para decir.

Ahora ocurre lo siguiente: hay quienes ven que la industria nacional va en declive en torno a cierto pensamiento que no para de tirar proyectiles a los lugares más acudidos por el ciudadano promedio que trabaja y tiene que comprar servilletas para la familia y además también sería muy feliz con tener un hijo que pudiera ser profesor de guitarra como ese músico que le hizo llorar en su infancia y se parecía mucho a él tanto física como espiritualmente. Entonces estos deciden que van a otorgarle prioridad a lo extranjero y que los negros vuelven a donde tenían que estar. A producir materia prima. ¿Para qué otra cosa sirven?

¿Fondos para la educación pública? ¿Transporte subsidiado? ¿Medidas sociales para los que menos tienen? ¿Fortalecimiento de la Industria Nacional? ¿Dignidad y Reconocimiento Cultural? No, démosle muerte, démosle olvido, vergüenza y humillación otra vez. Que eso es lo más difícil de superar, la cobardía de haberse equivocado. De haber sido parte del error y de haber sido responsable de la tragedia y de todo lo mencionado anteriormente. Una de las peores instancias. Luego está quién no logra verlo jamás. Quien muere en la terquedad y en la bronca. Quien muere en la desdicha de sentirse distinto a los demás, superior. Realmente enojado. Porque en su ignorancia son animales. Revisemos un poco la historia, podríamos encontrar pistas. ¿Nunca te convidaron un pedazo de pan?

No soy admirador de la frustración trasladada ni de la proyección patológica incipiente en modelos y estructuras que juegan con un tablero básico de roles, en sus respectivas y necesarias rupturas. No soy más que cualquier persona.

Quiero saber por qué si el negro es rico y visita y propone alianzas está bien, y quiero saber si el negro pobre va al mismo lugar vos te llenabas de rabia. El negro A cenó en la terraza del mismo lugar al que el negro B pudo contemplar maravillado y lloró porque nunca le habían dado algo así totalmente gratis y cuando se fue me estrechó la mano y me agradeció por la explicación. El negro C sintió que pocas veces en su vida algo estuvo realmente bien y esta ocasión era la clara muestra.

Quiero contar lo que me pasa que es terrible porque todos los días amanezco y me siento humillado, me levanto y me siento parte de un jueguito de ajedrez bien diagramado, siento que los peones se creyeron piezas blancas y se dejaron comer, y después no hay vuelta atrás. ¿Sabés lo que cuesta levantarse después de haber perdido por un juego sucio?

Y quiero que puedas entender que ser negro, estrechar la mano, convidar un pedazo de pan y maravillarse por algo con un fin totalmente alejado de lo egoísta, es algo hermoso.

Simplemente no pude esperar, espero que sean más los que, impacientes, manifiesten de cualquier manera lo que sienten respecto a esto. Yo desde lo más profundo de mi persona no la considero menos que una época en la que se rectificó a quienes hicieron el mal y la hipocresía viene derrotando a varios. Yo no quiero más compañeros caídos, no quiero más alienados ni frustrados ni gente que hubiera querido ayudar o decir algo pero no fue capaz. No por cobardía o por reflexión. Sino porque todos los días desde que nace le dicen que no puede.

Estrechando la mano de esa persona… quiero saber si vos entonces hubieras pensado que era más importante comprar dólares que garantizarle una educación universitaria gratuita de calidad, una computadora para que pueda usar como cualquier otro y un país sin deudas y con dignidad cultural.

Que no nos roben la patria, la nuestra, la verdadera. Que no nos impongan sus intereses. Porque no son los nuestros.

Forne

Editor General. Originario de Barrio La Perla, Temperley. Se interesa por las pequeñas grandes cosas como la poesía, las plantas, la justicia social.