Sociedad

La caja de herramientas

En ese momento debió pensar Livraga en una pesadilla infinita donde fuera cíclicamente arrestado, fusilado, arrestado, fusilado.
R. Walsh, Operación Masacre
Termina otro día, y otro año sin Jorge Julio López. Una década, con todos los significados con los que hoy nos interpela esa palabra. Nos interpela, nos apunta, nos incomoda. Así como el silencio que oprime, disfrazado detrás de títulos periodísticos o publicaciones en redes sociales que rezan “¿Dónde está Lopez?”. Pocos preguntan quién se lo llevo, y muchos menos buscan esa respuesta. Queda en el aire, abstracta, inasible, perdida en los pedidos de cárcel común a Etchecolatz porla primera desaparición forzada de Lopez entre la de otros compañeros y compañeras. Sí, la primera fue juzgada, condenada, y es una tarea colectiva defender la pena que recayó sobre el genocida. Pero, ¿qué pasa con la segunda?
Este silencio acechante le da una atmósfera particular a este día, como de una efeméride. Un segundo día de Memoria, Verdad y Justicia. Se da por hecho la relación entre las dos desapariciones, como si una fuera consecuencia ineludible de la otra: la testificación en el juicio, la amenaza del asesino. Pero habíamos dicho Nunca Más. No alcanza con que sea otro día más de fotos en Facebook. Yo pregunto hoy ¿quién lo está buscando?
Dio testimonio en el juicio, heroico y valiente, como todos los y las testigos de las causas de lesa humanidad. Pero no fue el único que nos dejó. En un doble fondo de su caja de herramientas escondía dibujos, croquis, relatos y la afirmación de sus convicciones, escritas, enrejadas en cursivas en papeles casi transparentes. Líneas, garabatos urgentes, en tickets o facturas de luz. Una caja con las armas del obrero: sus herramientas y sus verdades. “Yo soy gallego y no tengo miedo a ningún milico torturador” puede leerse en uno de sus manuscritos recientemente salidos a la luz.Así fue, no tuvo miedo al dar su testimonio, tenía la imperiosa necesidad de que todos los desaparecidos fuesen encontrados, devueltos. Pero escondía esos papeles. Esas sombras que seguían sumiéndose sobre él no fueron su imaginación ni su trauma, allí estaban, esas sombras con nombre y apellido que finalmente se lo tragaron. Se ignoró su miedo. Se ignoró esa oscuridad que hoy nos aleja más de la verdad.
 
Los que luchan incansablemente por la verdad y se enfrentan a los verdugos tienen en común la consciencia de que aquello a lo que se enfrentan los persigue y perseguirá siempre, hasta que la victoria sea plena. Pienso en López como en Livraga, el fusilado que vive que testimonia por la verdad, que siempre se supo perseguido (el que hoy vive es el exiliado).  Pienso también en Severino di Giovanni, que horas antes de su muerte escribió: Con horror me veo condenado a correr dentro de una rueda inmóvil, adelante y atrás, como un insecto prisionero. Renaceré y seré yo otra vez, otra vez pobre, otra vez anarquista, otra vez violento, otra vez capturado, otra vez asesinado en la Argentina. Siempre viviré existencias idénticas, moriré siempre a los veintinueve años, siempre fusilado.
Pienso en Jorge Julio López. Pienso en él como en todos los hombres y mujeres valientes que lucharon por la verdad y por una Patria más justa, como la suma de todos y todas. Merece su efeméride, merece ser recordado siempre. Pero antes merece que lo encontremos y que los responsables de su segunda desaparición, paguen. Y por sobre todo, nos merecemos como pueblo recuperar a uno de los estandartes de esavalentía que pretendieron quitarnos. Tenemos que hacer aparecer, entre martillos, clavos, tuercas y tornillos ese haz de luz que, inagotable, invencible, esperanzador, ilumina el camino verdadero a la Justicia.

Triana Obregón

Estudia Licenciatura y Profesorado en Letras (UBA). Profesora de Lengua y Literatura originaria de Lomas de Zamora en donde actualmente vive y milita.

20 septiembre, 2016