Feminismo

Entre Rosario y Plaza de Mayo

“…Sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario [y revolucionaria]”

Ernesto “Che” Guevara [y todas nosotras]

Es una noche clara en Rosario. A pesar de ser una víspera de feriado muchos locales permanecen cerrados, y los restaurantes abiertos cuentan con pocos comensales que observan hacia afuera  con asombro, soberbia o complicidad. Las miradas varían de autores y opiniones, pero tienen algo en común: ninguna se puede alejar de la calle. Una marea hipnótica de mujeres se atraviesa, incesante, ante ella, sin que se le pueda encontrar un límite que no sea el cordón de la vereda a sus costados.Me muevo dentro de la marea que recorre la ciudad a un ritmo variado, a veces caminamos, saltamos o incluso hacemos una breve corrida. De pronto veo cómo tres muchachas jóvenes se separan intempestivamente y se alejan corriendo hacia una pared. Llegué a ver los ojos vivaces de una, verdes como los mechones de su pelo, como el pañuelo que lleva en la cara. Lleva guantes de látex en las manos, y carga como única arma un esténcil; otra, un aerosol; la tercera, me explicaron después, es la que vigila y resguarda a sus compañeras. Tras un rápido movimiento confuso de brazos y aerosol, vuelven entre risas y apuro. A sus espaldas se ve el grafiti fresco: “Ahora sé dónde está mi clítoris” dice, junto al dibujo de un par de piernas abiertas mostrando, orgullosas, una vagina.Al mismo tiempo, en Mar del Plata, Lucía Pérez,  no puede opinar si  es vandalismo o una expresión válida y necesaria, porque tres hombres la están violando, torturando y asesinando.

De 4 kilómetros de extensión, la marcha del 31° Encuentro Nacional de Mujeres encauza a más de 70.000 feministas, agrupadas en cientos de organizaciones sociales y políticas. Provenientes de todo el país, se reúnen, nos reunimos, a debatir las problemáticas que nos atraviesan como colectivo, a delinear planes de lucha y a visibilizar la demanda por el reconocimiento de nuestros derechos.

Viajé a mi primer Encuentro con mis compañeras del Bachillerato Popular Roca Negra, del Frente Popular Darío Santillán. Llegamos el sábado temprano a una escuela secundaria alejada del centro, que la Comisión Organizadora nos dispuso para alojarnos. Nos repartimos por las diferentes aulas, para hacernos un espacio donde descansar. En la que entramos todavía estaba escrito en el pizarrón la fecha de la próxima evaluación de Historia.Con las otras profes tomamos un colectivo hasta Plaza San Martín, donde se empezaba a instalar el centro del Encuentro, con su feria de productos artesanales y autogestivos, y con los gazebos de las organizaciones que iban llegando. A las 10 de la mañana, no había más de 5 puestos: a esa hora se daba apertura  del Encuentro en el Monumento a la Bandera, con las agrupaciones que habían llegado. Todavía seguían en viaje muchas compañeras, ya sea por la distancia o por problemas con su medio de transporte (tal fue el caso del Plenario de Trabajadoras, que denunció graves falencias en los micros asignados por el Gobierno de la Ciudad).

Después de un almuerzo y una siesta junto al río, volvemos a la plaza, que ya me devolvía otro panorama. El pasto era apenas visible, los caminos de la plaza estaban llenos de mujeres en movimiento. Trans, lesbianas, heterosexuales; niñas, jóvenes, adultas mayores; hijas de inmigrantes o provenientes de pueblos originarios; obreras, profesionales, estudiantes. La diversidad es lo primero que me apabulló, diversidad en los colores, en las propuestas y en los cuerpos.Una compañera me da el pañuelo de la Campaña por el Aborto Libre, Seguro y Gratuito que quería conseguir. Me lo ato al cuello, y ya soy otra.

El Encuentro propone 69 talleres, puntos de encuentro donde se abordan de forma colectiva y horizontal temáticas como  “Mujeres y deuda externa”, “Mujeres, anticoncepción y aborto”, o “Mujeres, cárceles, y sistema penitenciario”. Cada uno de estos talleres, frente a la masiva concurrencia, se subdividió en comisiones que se repartieron en aulas, pasillos y patios de las escuelas y facultades que funcionaron como sedes. En ellos, me encontré con militantes barriales, activistas corporales, mujeres con el rostro de Milagro Sala colgando de su cuello, o madres con sus hijos e hijas, que llegaron cargadas de curiosidad. Con todas me sentí identificada.

El taller en el que participé activamente fue “Mujeres, relación con su cuerpo y políticas del cuerpo”. Escuché los aportes de las compañeras presentes, me pareció pertinente exponer mi recorrido personal y mi opinión sobre temas como trastornos alimentarios y desnutrición infantil. Y compartí con ellas, lágrimas en la garganta mediante, el asombro y regocijo que me produjo ver que ninguna de esas mujeres se correspondía con el ideal de mujer que pesaba sobre mis hombros. Me sentí escuchada, me sentí contenida, me sentí parte y me sentí libre. Yo era como todas ellas, todas ellas eran como yo. Entendí el significado de “sororidad” y fue hermoso. Pero, justamente  en el taller sobre cuerpo, a ninguna de nosotras se nos había ocurrido hablar del significado de la palabra “empalamiento”.

Solamente cuando cada una volvió a su casa y conocimos el brutal asesinato de Lucía, empezamos a dimensionar lo que significaba este caso extremo de la violencia hacia las mujeres. Las que volvimos hermanadas de Rosario sentimos en lo más hondo del alma la muerte de Lucía, de Beatriz, de Natalia… Una hermana muerta por día. El Encuentro funcionó como piedra fundamental para alentar la organización de una respuesta masiva para exigir justicia por las compañeras asesinadas, para detener la violencia machista que acecha sobre las que seguimos vivas. Quedarse de brazos cruzados ya no era una opción para nadie, y con las redes sociales como herramienta empezó a correrse la voz: Paro de Mujeres. Sí, Paro. A más de un machista le sonó ridícula la idea, porque claro, la mujer no es un actor social en actividad: es un ser pasivo. En un contexto político donde se amaga hace meses con un Paro General, frustrado una y otra vez por las negociaciones vergonzosas de las cúpulas sindicalistas con el gobierno nacional, la idea de un Paro de Mujeres estalló en todos los oídos, no dejando que nadie fuese indiferente. Demostrar que nuestras vidas importan, que desde nuestro género desempeñamos tareas específicas e invisibilizadas, fueron los objetivos que se pensaron desde la organización.

Paro y movilización a desde el Obelisco hasta Plaza de Mayo, vistiendo luto. La simplicidad de la consigna lanzada desde el colectivo Ni Una Menos y el aporte de militantes, artistas, políticxs, dieron color, forma y  difusión masiva a la convocatoria. Tan masiva que empezaron a moverse las conexiones internacionales, y  compañeras de toda América Latinalanzaron convocatorias para el mismo día, en solidaridad con el pedido de justicia por Lucía y con las consignas que llevan tiempo de lucha en cada país. Honduras, Bolivia, Uruguay, México, Venezuela, Chile, sólo algunos de los países que rápidamente se organizaron. “América Latina va a ser toda feminista” cantábamos en Rosario, y hoy podremos cantarlo sabiendo que a miles de kilómetros, compatriotas de esta Patria Grande marchan con nosotras.La Mesa de Feministas del AbyaYala que se desarrolló en el ENM fue sólo un adelanto, y es lo que tengo ahora en mente cuando trato de figurarme el tamaño de esta lucha. Allí se exigió justicia por Berta Cáceres, libertad a Reina Maraz, y se alzó la voz de la resistencia latinoamericana feminista.

Unidas en sororidad latinoamericana podremos terminar la marcha que la represión interrumpió frente a la Catedral rosarina. Estamos demostrando que nuestra lucha no se puede detener con balas de goma ni gases lacrimógenos. Tampoco matándonos, porque recogeremos siempre la voz de las caídas, como Lucía, cuyo dolor al morir es también nuestro dolor, cuyo fuego vital hoy se convierte en el fuego que aviva nuestro grito de justicia.Y hablo tanto en plural porque desde que volví del ENM me siento menos “yo” y más “nosotras”.

Lo que nos espera en las calles este 19 de octubre no puede ser otra cosa que un suceso histórico mundial. Porque la historia la escribimos los y las que luchan, en las plazas, en las calles, en las casas y en las cama, gritando ¡Vivas nos queremos!

Triana Obregón

Estudia Licenciatura y Profesorado en Letras (UBA). Profesora de Lengua y Literatura originaria de Lomas de Zamora en donde actualmente vive y milita.