Feminismo

Cuarenta y cinco veces

A veces pienso que a la sociedad le gusta convencerse de que existe algo llamado coincidencia, casualidad, destino o en caso de tener connotaciones religiosas/místicas, vida o Dios. Para no ubicar a los culpables tan cerca de su vida, muchos menos, para pensar que quizás somos nosotros mismos.

Esta vez entendí las causalidades. Pasé por la cocina, mi vieja tenía la tele de fondo y llegué a escuchar la oración “45 veces”, seguido a eso, se hacía mención del número telefónico 144. Asustada y hasta acostumbrada a la cotidianeidad de estas noticias, decidí sentarme a escuchar a qué se hacía referencia con esa oración. En lo que me tomó ponerme en sintonía con la nota ya comenzada pensé:

¿45 veces golpeada? ¿45 veces apuñalada? ¿45 veces violada? ¿45 veces mutilada?
Hasta que escuché la voz de quien supuse era la víctima, contando que hizo la denuncia 45 veces y su vida era un infierno.

No es casualidad que un 24 de Marzo, mientras miles de argentinos siguen pidiendo justicia y luchando en memoria de las identidades que desvaneció la violencia en todas sus formas, en la planta baja de un edificio, Adriana Toporovskaja estaba siendo ahorcada por su pareja.

Luego de escucharla unos poquísimos minutos, porque ese es el espacio que los medios brindan a las cuestiones de género, empecé a cuestionarme lo que en esa noticia no estaba implícito.

¿Dónde estaba el Estado en esas 45 denuncias? ¿Cuántos golpes caben en 45 denuncias? ¿Cuánto miedo es 45 veces en una comisaria? ¿Cuántos policías son cómplices de 45 silencios?

No es casualidad que los políticos de turno, los medios de comunicación hegemónicos, los hashtag de moda y los famosos que suelen ser tendencia, se cuelguen en el pecho la consigna ni una menos mientras lloran ante las cámaras las muertes de nuestras mujeres, porque así, lavan sus culpas ante la violencia que nos sirven emplatada todos los días, así legitiman en nuestras caras los pedidos de ayuda que no supimos ver a tiempo.

Porque muerta, quizás les suba un poco más el rating , o el candidato pueda adornarse con promesas feministas.

No es casualidad que la sociedad no se haya inmutado ante las pintadas del agresor de Adriana, dirigidas hacia ella, diciendo “Te voy a matar”, pero de los graffitis del 31° Encuentro Nacional de Mujeres, todavía se sigue hablado, y lo utilizan como justificación para derribar la lucha, porque la doble moral que nos calla todos los días, protege al macho y la violencia pareciera formar parte del paisaje cotidiano.

No es casualidad que aquellos vestidos de negro el 19 de Octubre, compartiendo en sus muros la foto de Lucia Perez, sean los mismos que se enojaron con Melina por aparecer viva, porque lo que pudo ser un triunfo como sociedad, se convirtió en un circo mediático que nos vuelve hostiles, ajenos y morbosos.

No es casualidad que en la oficina de denuncias, los policías le pregunten a Adriana con desgano “¿Y ahora que viene a hacer?” Porque con la misma mano que disimulan tomar la denuncia, te insertan en la frente una bala de goma por defender tus derechos.

Dejemos de esperar a que aparezcan muertas para, recién, hacer algo al respecto, no esperemos que sean la noticia de la semana para visibilizar los casos, dejemos de creernos ajenos porque no son nuestras hermanas, mamás, novias, vecinas. Dejemos de aislar a las víctimas por creer que son ellas las culpables por no huir.

Empecemos a concientizar, a escuchar, a hablar de los verdaderos culpables, a exigirle al Estado lo que nos viene prometiendo hace años, a que la justicia cumpla su rol lejos de la fe institucionalizada. Hagamos la vista gorda a nuestro alrededor, porque a las minas no las mata un loco, paciente psiquiátrico, un enfermo, las matamos todos los días ignorando sus pedidos de ayuda.

Dejemos de creer en las casualidades, que nos dejan miles de femicidios, victimas de trata, objetivaciones, abusos, descalificaciones, violaciones, cuerpos incendiados, mutilados, mentes psicopateadas y autoestimas destrozadas. Dejemos de ver el problema en el último eslabón de la cadena de violencia y busquemos soluciones con ellas vivas.

Porque no es casualidad que el agresor de Adriana, después de dejarle bidones con su propia orina en el negocio donde ella trabaja diariamente le haya dicho “El olor no se va tan fácil” Porque nosotras, tampoco.

Que 45 denuncias no se lleven una mujer más, no seamos cómplices, que la lucha y la marcha duren todos los días.