Política

A cuarenta años de la noche de los lápices

La noche del 16 de septiembre de 1976, conocida como La Noche de los Lápices fue en el marco de la dictadura cívico militar, con el fin de desaparecer estudiantes y/o militantes. Esta noche, grupos operativos de militares y policías de la provincia de Buenos Aires secuestraron en la ciudad de La Plata a los jóvenes Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio de Acha, Horacio Ángel Ungaro, Daniel Alberto Racero, María Clara Ciocchini (todos ellos militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios conocida como la UES). Fueron mantenidos atrapados y privados de su libertad en los centros clandestinos de Arana y Pozo de Banfield. Al día de hoy se desconoce su paradero. Estos estudiantes fueron secuestrados, torturados y desaparecidos con el simple propósito de callar, borrar sus ideas y eliminar esa juventud combativa.

Es difícil escribir algo para la noche de los lápices. No porque uno no sepa qué postura tiene o que sentimientos le generan, si no porque, aún treinta años después, sigue dando escalofríos.

No vengo a decir nada nuevo al respecto. Sólo voy a decir que no fue un “Proceso de Reorganización Nacional”, seguimos reivindicando tal acontecimiento como un golpe de Estado, una dictadura cívico-militar.  Es importante recordar esto porque no solo fueron militares, sino que también hubo civiles que decidieron ser cómplices de este régimen totalitario y que sin ellos no se podría haber llevado a cabo. Vengo a decir que no se los llevaron porque “algo habrán hecho”.

Porque parece que no quedó claro.

Una situación similar -en cuanto a impunidad- me pasó la semana pasada cuando leía las noticias acerca del golpe de estado en Brasil, que Clarín decidió titular como “Dilma, el ocaso de la ex guerrillera que llego a presidenta”. Ahí me di cuenta de que algo no quedó claro. Además, como para ponerle un poco de condimento a la situación, un comunicado del gobierno expresando su respeto al proceso institucional que acontece en Brasil. ¿Qué proceso? Si no hay ningún proceso democrático en este acto, como tampoco hay nada ingenuo. No presenciamos lo que se conoce como democracia, porque si 54 millones la eligieron y 61 la sacan, es golpe. Y América Latina tiene demasiada experiencia en esta última palabra.

Tenemos el imperio en casa de vuelta treinta años después. Encima de todo, todavía existe gente que justifica estos procesos, que de paso hace oídos sordos a lo que pasa en Brasil, hace oídos sordos a lo que dice y hace Enrique Peña Nieto en México, lugar que respeta la misma estructura y se le ofrece el mismo procedimiento: Allá el enemigo interno son las drogas y bajo el título de la guerra contra ellas México ha vivido envuelto en una situación de violencia desmedida. No estoy hablando de cualquier cosa. Es así: 44 mil soldados que salieron de sus cuarteles bajo consigna de “tareas de seguridad” que llevaron a cabo a lo largo de todo el país. Con una consecuencia directa de 50 mil personas asesinadas, más de 30 mil personas desaparecidas y 250 mil personas desplazadas de su territorio.

Deberíamos saber cuáles son las figuritas repetidas, de que constan estas tareas de seguridad, por qué es golpe de estado, y además pero no menos importante, el recurso de siempre, la teoría los dos demonios: crear un enemigo interno. Este enemigo cambia de rostro todo el tiempo, depende el país y el público que deciden mostrar los medios. Éste solo muta, dándoles una excusa para ejercer la violencia en América Latina. Pueden llamarlos de distintas maneras, en un tiempo fueron los rojos -los comunistas-, en otro tiempo los montoneros y hoy son los militantes. Esto lo podemos ver claramente reflejado en el discurso creado por cierta clase social de nuestro país, dónde la moneda corriente es decir que “son todos vagos y el Estado les paga por militar, negros de mierda.”. El tema es que si ser un negro de mierda, choriplanero y todo eso, significa que yo puedo sostener el ideal que me representa y puedo afirmar que creo en una idea, que creo en un proyecto, y que tuve y voy a seguir teniendo los derechos humanos como bandera, entonces sí, somos unos negros de mierda y lo vamos a seguir siendo.

Esta misma gente es la que tiene la cabeza llena de basura mediática y luego se indigna porque el Estado decide proporcionarle una ayuda -el progresar- para que los pibes de bajos recursos puedan seguir estudiando. Los canales de televisión, los almuerzos con Legrand y las comentarios de Eduardo Feinmann les instauró en la cabeza que el Estado les regala plata a los que no les corresponde. Acá el error, acá correspondería decir algo pero vamos a dejarles a ellos que repasen un poco la función del Estado en una democracia no cuestionada. En la marcha de ayer estaban de vuelta, de los que hablamos, los pibes: nuevamente levantando la bandera de la educación.

Para esta misma gente, solo hay una persona que es peor que el negro de mierda y es el negro de mierda que encima viene de otro país. Entonces, cuando me dicen que sobran inmigrantes, yo pienso que lo que sobra en este país son fascistas, medios hegemónicos de comunicación que propagan estos discursos controversiales y llenos de bronca. Porque no quieren la unión de los países de América Latina, porque unidos (como se demostró en estos últimos años) somos fuertes.

Los cambios en Latinoamérica no son aislados. Solo da la sensación de que así fuera si nos convencen de que el otro, que vive en otro país, no tiene nada que ver con nosotros. Nos han dicho que las dictaduras de los 70′ son algo del pasado, que debemos olvidar, que los medios lo han vuelto ajeno, como si no fuera parte de nuestro historia. Y sí, sucedieron. Son parte de nuestra historia y es nuestra responsabilidad social no permitir que vuelva a ocurrir.

El pueblo latinoamericano sigue acá. Vamos a seguir unidos porque no hay olvido de la violación de los derechos humanos, no hay olvido de la desaparición y muerte de miles de personas, no hay olvido de la apropiación sistemática de recién nacidos. No, no estoy diciendo nada nuevo, pero parece que a algunos aún no les quedo claro, que de acá no nos movemos, que vamos a seguir estando: por las abuelas, por los nietos, por los hijos, por los militantes, por los docentes y por la democracia.  No solo por Argentina, sino por México, por Brasil, por toda Latinoamérica. Vamos a pelear en las calles, con el arte, con la voz, con todo lo que tengamos. Porque parece que no quedó claro: No nos callarán y no vamos a olvidar. Ayer, en la marcha, había gente de todas las edades, con diferentes casas, con realidades distintas, el tema es que todos estaban ahí tomando los mismos lápices. Somos otras personas, otros compañeros, pero seguimos escribiendo. Porque si se viene un nuevo plan Cóndor, le vamos a dar batalla, todos juntos.

Porque no, con los militares no estábamos mejor.

Martina Cruz

Estudia Lic. en letras en la Universidad de Buenos Aires, se presenta en lecturas usualmente en zona sur, poeta y escritora.